Identidad

Visión.

Ser una Denominación que glorifique, ame y sirva a Dios, con unidad doctrinal, fraternal y administrativa, guiada por el Espíritu Santo y basada en la Biblia, con crecimiento permanente, estabilidad y sostenibilidad.

Misión.

Adorar a Dios. Reconciliar a los hombres con Dios a través de la proclamación del evangelio de Jesucristo. Instruirlos en la doctrina y fundamento de la Sagradas Escrituras, enseñándoles a vivir en comunión con Dios y con los demás, sirviendo a los necesitados.

Nuestros valores

1. Valoramos una vida llena del Espíritu Santo.

2. Valoramos la Biblia como la Palabra de Dios, norma para la vida de los hombres.

3. Valoramos la práctica de las doctrinas bíblicas

4. Valoramos la humildad en el ejercicio del ministerio cristiano

5. Valoramos la preparación y educación teológica y académica de los obreros, pastores y líderes en general.

6. Valoramos la atención, estímulo y dignificación de la familia pastoral y la de los demás miembros de nuestras comunidades.

7. Valoramos la madurez e integridad de los siervos de Dios.

8. Valoramos la persona y ministerio de la mujer cristiana.

9. Valoramos y respetamos el trabajo de otras denominaciones de sana doctrina.

10. Valoramos la evangelización y el crecimiento constante de la iglesia

11. Valoramos la guianza y dirección del Espíritu Santo en todos y cada uno de los aspectos de las iglesias de la Denominación.

12. Valoramos la sujeción a la Palabra de Dios y a las autoridades eclesiásticas y civiles, si están de conformidad con la Palabra de Dios.

13. Valoramos el liderazgo naciente y la formación de líderes en la AIEC.

14. Valoramos el reconocimiento a las autoridades superiores y jerárquicas de la Denominación.

15. Valoramos los ministerios dirigidos a damas, caballeros, jóvenes y niños.

16. Valoramos el servicio al prójimo, como expresión del amor de Dios.

17. Valoramos la integridad y la unidad familiar.

Nuestra fe

Creemos y afirmamos que la autoridad de las Sagradas Escrituras, por la que ellas deben ser creídas y obedecidas, no depende del testimonio de ningún hombre o iglesia, sino exclusivamente del testimonio de Dios (quien en sí mismo es la verdad), el autor de ellas; y deben ser creídas, porque son la Palabra de Dios. (2 Pedro 1:19,21; 2 Timoteo 3:16; 1 Juan 5:9; 1 Tes. 2:13.) proviene de la obra del Espíritu Santo, quien da testimonio a nuestro corazón con la palabra divina y por medio de ella. (1 Juan 2:20,27; Juan 16:13,14; 1 Corintios 2:10,11; Isaías 59:21) 1 Timoteo 3:15.

 

Creemos y afirmamos que el consejo completo de Dios tocante a todas las cosas necesarias para su propia gloria y para la salvación, fe y vida del hombre, está expresamente expuesto en las Escrituras, o se puede deducir de ellas por buena y necesaria consecuencia, y a esta revelación de su voluntad, nada ha de añadirse, ni por nuevas relaciones del Espíritu, ni por las tradiciones de los hombres. (2 Timoteo 3:15-17; Gálatas 1:8,9; 2 Tes. 2:2.)

 

Sin embargo, confesamos que la iluminación interna del Espíritu de Dios es necesaria para que se entiendan de una manera salvadora las cosas reveladas en la Palabra, (Juan 6:45; 1 Corintios 2:9-12) y que hay algunas circunstancias tocantes a la adoración de Dios y al gobierno de la iglesia, comunes a las acciones y sociedades humanas, que deben arreglarse conforme a la luz de la naturaleza y de la prudencia cristiana, pero guardando siempre las reglas generales de la Palabra que han de observarse siempre. (1 Corintios 11:13,14, y 14:26,40.)

 

Creemos y afirmamos que la regla infalible para interpretar la Biblia, es la Biblia misma, y por tanto, cuando hay dificultad respecto al sentido verdadero y pleno de un pasaje cualquiera (cuyo significado no es múltiple, sino uno solo), éste se debe buscar y establecer por otros pasajes que hablen con más claridad del asunto. (Hechos 15:15,16; 2 Pedro 1:20,21)